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Es el Grand Tour de Cataluña, un itinerario circular para descubrir toda la esencia y el sabor de un territorio muy rico y variado en ingredientes y productos locales que dan lugar a una cocina única. Una forma de viajar conectando iconos culturales, parajes naturales y placeres enogastronómicos que definen la personalidad de esta tierra, tanto en el medio rural como en el urbano.

Inspirado en los grandes viajes que se iniciaron a mediados del siglo XIX, el Grand Tour de Cataluña conforma un recorrido de más de 2000 kilómetros concebido para hacerlo en vehículo motorizado de dos maneras: en una ruta única de trece días, o bien en cinco tramos, de entre cinco y siete etapas cada uno, pero en todos los casos descubriendo, desde el respeto por el medio ambiente, la vida local y los deliciosos productos de proximidad catalanes.

Detalle de la olla aranesa, plato típico de la Val d’Aran – © Agencia Catalana de Turismo

El Tramo 3, muy cerca del cielo

Como, por ejemplo, el Tramo 3 entre Lleida y La Seu d’Urgell, un recorrido muy cerca del cielo que parte de la ciudad de Lleida con su catedral observándonos desde las alturas, para luego adentrarnos en unos paisajes que por la noche nos ofrecen los mejores cielos estrellados de Cataluña, con certificación Starlight —los de la Sierra Montsec y del Parque Nacional d’Aigüestortes i Estany de Sant Maurici—, viajar hasta el corazón de los Pirineos haciendo senderismo entre lagos glaciares, espectaculares cascadas y pueblos de montaña, o descubrir la arquitectura románica Patrimonio de la Humanidad. Todo ello disfrutando de una oferta gastronómica única junto al fuego de una chimenea, con quesos y embutidos artesanos y tradicionales recetas montañesas, como la característica olha aranesa, todo regado con vinos de la DO Costers del Segre.

Un viaje de cinco etapas —Lleida a la Pobla de Segur, Vall de Boí, Vielha, Sort y La Seu d’Urgell— que empieza con un copioso desayuno en el que no faltan el pa amb tomàquet, el aceite de oliva virgen extra de la DOP les Garrigues o las peras de Lleida, las más dulces de su especie y también con Denominación de Origen Protegida, para luego dar un agradable paseo por los alrededores de la ciudad y visitar las fértiles tierras de las que nacen las frutas y hortalizas que más tarde formarán parte de muchas de las mejores recetas de la gastronomía leridana.

Unos platos que maridan a la perfección con los vinos de altura de la bodega Castell d’Encus, procedentes exclusivamente de la uva de sus viñedos situados en un lugar privilegiado del Pirineo leridano, en Talarn, entre los 800 y los 1230 metros de altitud y cuya fermentación se realizan en distintos materiales, como lagares de piedra del siglo XII, tinas de acero inoxidable y foudres o barricas de roble francés, lo que permite dar al vino distintas tonalidades y matices.

Puesto de queso en la Feria Agraria de Sort – © Agencia Catalana de Turismo

Lagos y montañas, fuet y degustación de quesos

La siguiente etapa nos lleva al Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, el único parque nacional de Cataluña, con sus lagos y montañas, y a conocer la arquitectura única de las iglesias románicas de Boí, un día dedicado a la naturaleza y a la cultura antes de entrar en la Val d’Aran, un valle pirenaico con orientación atlántica y buena parte de su territorio por encima de los 2000 metros, con lengua propia —el aranés—, con unos encantadores pueblos de piedra y una gastronomía marcada por sus características geográficas como, por ejemplo, la elaboración artesanal de embutidos como el fuet, que aquí se conoce como langoisa seca, xolís o la girella.

Y si nos apetece un poco más de relax, también podemos optar por una visita a los Banhs de Tredós, el establecimiento termal a más altitud de Europa, con una situación privilegiada en plena naturaleza, para mas tarde probar la sabrosa ternera ecológica Vall de Boí, una carne fresca, tierna, saludable y de la más alta calidad que se produce en esta zona desde hace mucho tiempo gracias a los pastos locales y al esfuerzo de quienes allí viven por mantener la cría ecológica de vacas de raza Bruna.

La última etapa de este tramo, de Sort a la Seu d’Urgell, nos lleva a disfrutar de la aventura con las emociones que generan las actividades fluviales del río Noguera Pallaresa, a visitar el Ecomuseo de Llessui en la Vall d’Àssua para conocer la vida de los pastores y participar en una sabrosa degustación de quesos premiados en los más prestigiosos certámenes —como los elaborados por las queserías Casa Mateu y Tros de Sort— o a conocer el proceso de elaboración de la ratafía, uno de los licores catalanes más tradicionales, visitando la antigua fábrica de Licors Portet.

Ya que estamos en esta zona, otra gran propuesta es acercarnos a la Bodega Batlliu de Sort y probar sus vinos de alta montaña, directos, delicados, finos, frescos pero con carácter, una expresión de Pirineo embotellada. Vinos perfectos para acompañar la gastronomía local de Pallars Sobirà, con una cocina tradicional basada en los productos de montaña y de temporada en abundancia, y novedosas propuestas de cocina actual que ofrecen versiones revisadas y corregidas de las recetas de la abuela, en busca de nuevas sensaciones.

Y para acabar el día, una visita a Gerri de la Sal, una pequeña villa medieval que aún conserva el recinto cerrado y que destaca por su patrimonio industrial y arquitectónico: el alfolí de la sal y el Monasterio de Santa María. El principal motor económico de esta localidad fue, hasta hace poco tiempo, la explotación de la fuente de sal, un pasado industrial del que actualmente se conserva la Casa de la sal o Real Alfolí de Gerri, el gran almacén donde se extraía, se trataba y se almacenaba la sal desde la Edad Media.

Para organizar tu ruta del Grand Tour de Cataluña y conocer las experiencias y destinos concretos de cada tramo, puedes consultar en esta dirección.

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